El médico que lo atendía atravesó un paseo de la sala de emergencia para llegar donde estaban los sueros sanguíneos.
Belén agradeció que la mayoría de los médicos confiaran en ella. Justo cuando iba a revisar al paciente, su visión se nubló y le dio un mareo de golpe. Sintió que estaba a punto de desmayarse.
El asistente que estaba cerca de ella la tranquilizó con rapidez y le preguntó preocupado:
—¿Qué le pasa, señorita Suárez?
Belén hizo todo lo posible por estabilizarse antes de decir a