Belén le echó un vistazo a las facturas y los números con desprecio. No obstante, no reveló las emociones, sino que respondió de forma agradable.
— Bueno. —Se dio vuelta y se fue del estudio.
En el momento en el que Belén se fue, su sonrisa desapareció. Más tarde, cuando llegó a su habitación, recibió una llamada de un número desconocido. La veo la cabeza, lo miró con incredulidad, ya que el código de la llamada indicaba que era del distrito imperial.
Como Santiago había registrado el número