—Tienes razón.
—¿Qué? — preguntó Bella, impactada, incapaz de procesar al instante lo que dijo su hijo.
—¿Por qué debería recibir a una extraña? Dejar que se quede aquí si en verdad te agrada tanto. Solo avísame cuando te canses de verla por ahí — respondió Daniel con desdén.
—Tú… — Bella se enrojeció de la ira—. Atrévete a decir eso de nuevo. Te ayudo a elegir a tu futura esposa, no a un amante.
—Oh, no tienes que preocuparte por eso. Puedo encontrar a mi propia esposa. Es más, ya la enco