Arrastrando los pies, me acerqué a la cama y quité todas las almohadas y sábanas, luego me tumbé. No quería que nada que me recordara a él.
El niño había muerto. Lo había matado su padre. Su abuela parecía aliviada, la chica estaba desconsolada, suplicaba que le devolvieran a su bebé. La vida no es un cuento de hadas, antes de tomar una decisión hay que estar seguro de poder soportar las consecuencias.
En ningún momento los escuché pedirle perdón, la llevaron al hospital para una intervención