Se miró al espejo, notando en otra luz el vestido que le habían confeccionado ese mismo día, sobre su cuerpo. No podía evitar sorprenderse no sólo del acabado tan profesional en poco tiempo sino también de cómo el vestido le favorecía cada centímetro de su cuerpo, sosteniendo con firmeza las zonas correctas. Realmente se sentía muy bien en él.
Era de esperarse, de todas formas. Había costado casi cinco salarios de Alanna como bailarina en el bar.
Tomó su teléfono de su bolso para revisar qu