Capítulo 2

No era sorpresa esperarse que muchos de los hombres presentes sólo iban a verla a ella. Y como para no, si era la favorita del pequeño palacio, como solían llamarle al bien conocido bar.

Sus tacones resonaban en la madera del escenario. Se podía escuchar al presentador recitar su introducción como todas las noches.

_”Ella es alguien a quien muchos ya conocen...”

Podía escucharse como el público vitoreaba animadamente.

_”...Su rostro joven y su mirada podrían matar a cualquiera que se atreva a acercarse demasiado. ¡Que no te engañe! Es más peligrosa de lo que parece...”

La nombrada se preparó al borde del telón mientras esperaba al momento indicado.

-”...damas y caballeros...¡Alanna Myles!”

La pelinegra caminó hacia el centro del escenario, con una amplia sonrisa sobre sus labios. Lo cierto es que ella adoraba el escenario tanto como el escenario la quería a ella. Le encantaba estar siendo ovacionada.

Sutilmente acomodó su máscara, con la cuál siempre salía para evitar que se ventilara su identidad. Además, mantenía el misterio y la volvía aún más deseada por los hombres curiosos que se animaban a observar un número de ella.

Alanna dio una mirada panorámica antes de seguir. Casi al instante distinguió los empresarios de los que su hermana mayor hablaba. Se distinguían entre la multitud con sus trajes costosos a medida y sus relojes relucientes. Eran en definitiva el blanco de su noche.

Iluminada por una sola luz que la seguía en su movimiento, entró en el escenario bajo la melodía de “You Can Leave You Hat On” sonando. La ovación le abrazaba el cuerpo mientras comenzaba con su número, primero haciendo algunos pasos de baile sobre el escenario a modo de calentamiento 1y luego bajando a interaccionar con el público mientras recitaba su playback sin problemas.

La menor de las hermanas Myles adoraba su trabajo. Le gustaba ser gustada, sobre todo debido a su muy coqueta personalidad. Ella sabía que era la favorita, y disfrutaba de su minuto de fama como ninguna.

Le divertía mirar a su alrededor en algunos números, esperando porque algún coqueto soltero estuviese dispuesto a observarla más de cerca. Para ella era algo divertido pues, aunque le pusiera todo el compromiso del mundo a un hombre esa noche, nunca pasaba más que eso; casi como el cuento de la cenicienta, la magia y la química no solían ir más allá de medianoche, cuando el conocido bar decidía cerrar sus puertas.

Miró a través del lugar sin perder aquél carisma que le caracterizaba, además de su emblemático antifaz para no develar su identidad.

Como un escáner, encontró a su presa justa: una mesa con dos empresarios bebiéndose su segunda botella de bourbon. Alanna podía olfatear el dinero en sus costosos trajes hechos a mano, y ambos la observaban comentando algo al respecto. Sonriendo maliciosamente, caminó hacia ellos.

Con mayor cercanía notó que había una diferencia abismal entre ambos. Uno llevaba anillo en el dedo anular, el otro no.

Tomando su sombrero de vaquera cubierto de incontables piedras y brillos, decidió dejárselo al caballero sin ningún anillo de compromiso, mientras su compañero estallaba en risas.

_¿Cómo es su nombre, caballero?

Preguntó Alanna, rodeándolo sensualmente en su silla cual serpiente a su presa. Él, mientras tanto, se encontraba anonadado con la presencia de la exuberante joven. Sus ojos verdes destellaban en una lujuria creciente dentro de su cuerpo.

Hizo temblar su labio inferior intentando balbucear una palabra. Alanna se acercó hasta que su cuello quedó cerca de su rostro, con el fin de poder oírle.

Thomas sintió el dulce aroma del fuerte perfume que ella llevaba . Era embriagante, y seductor. Envolvente y arrasador. Tal como lo era ella.

_Thomas...Mi nombre es Thomas...-El joven empresario tragó en seco intentando recomponerse.-¿Tienes... tienes pareja?

Alanna guardó una pequeña sonrisa mientras evitaba responderle esta última pregunta, sentándose sobre su regazo mientras todos observaban atentos.

Ambos compartieron un segundo de contacto visual, mientras ella esbozaba una coqueta sonrisa que acompañaban sus brillantes ojos color miel.

_Bonito nombre.

Él posó una mano en la esbelta espalda de la joven, para mantenerla en cercanía unos segundos más. Allí, escaneó sus rasgos faciales. Sus labios de rojo carmesí eran una verdadera tentación a sus instintos más primitivos.

_Pienso lo mismo del tuyo.

Ella le devolvió una coqueta sonrisa en respuesta para luego seguir con el número mientras el joven empresario parecía aún procesar lo que estaba ocurriendo. Si existía el amor a primera vista, el sentía que lo había tenido en ese momento.

No, ni siquiera era amor. Thomas sentía que el calor de su cuerpo lo llevaba a necesitar besarla intensamente detrás de los camerines. Aquella mujer había producido en él una intensa lujuria que no sentía en mucho tiempo, a pesar de que las mujeres pasaban por su departamento más seguido de lo que realmente deberían.

El tacto del pequeño cuerpo de la joven contra la palma de sus manos le provocó un incremento de sus pulsaciones, haciéndole correr la sangre por el cuerpo.

No sabía si acaso era su tono de voz, su piel o su perfume lo que enloquecieron su química cerebral, pero no se podía quedar con los brazos cruzados luego de haberla conocido.

Como si aquella interacción le hubiese sabido a poco, se quedó en el borde de su silla mientras veía como aquella misteriosa dama revoloteaba lejos de su presencia.

_¿Quién es ella?

Preguntó el empresario, con suma curiosidad y sin quitar los ojos de su vaivén de caderas al ritmo de la música resonando por los altoparlantes. Su compañero esbozó una pequeña sonrisa, acercándose para observarla de la misma manera.

_Es hermosa, ¿verdad? Su nombre es Alanna Myles, la verdadera atracción de este pequeño lugar. Tiene una química especial para la música que vuelve loco a cualquiera. Pero te advierto-interrumpió su compañero, tocando su hombro.-Este tipo de mujeres no son para ti. Ellas no le pertenecen a nadie. Devorará tu corazón en cuánto lo tenga en sus manos.

A pesar de los dramatismos de su compañero, él mismo observaba la certeza en estas palabras. Una joven de pequeña estatura, con un largo cabello negro y una tez de tonos aceituna, cubriendo su identidad de cualquiera que se atreviera a observarla demasiado. Tenía una mirada avasallante, con una confianza tan atractiva como magnética. Hacía lucir orgullosas las perlas y lentejuelas de su vestuario de burlesque, tal y como si hubiese nacido para aquel escenario.

Si Thomas no fuese ateo, creería que se trataba de una diosa griega que ha bajado a la tierra para arrollar con su encanto.

Sin dudas el empresario se encontraba cautivado por la joven misteriosa, a la que él describía como la primera vez que sentía atracción a primera vista. Necesitaba conocerla más, saber su nombre, conocer su voz.

_Debo conocerla.

Este comentario llamó la atención de su amigo, quien lo miró extrañado.

_¿Qué?

Thomas se puso de pie ante la mirada, aún confusa, de su mejor amigo.

_Iré a hablarle.

_¿Te volviste loco? Tienen seguridad privada. No podrás acercarte tan facilmente.

_Debo intentarlo. Sólo quédate aquí.

Sin dar más explicaciones, el joven empresario desapareció entre la multitud con suma determinación. De vez en cuando se detenía para mirarla, dejando que sus ojos se deleiten ante la encarnación de la lujuria en mujer.

Mientras tanto, ella siguió repartiendo caricias por todo su cuerpo al compás de la música. No era ninguna tonta; sabía bien la tensión que estaba generándose entre ambos. Y adoraba cada segundo de ello.

Con una media sonrisa, aprovechó su atención para llamarle con su dedo índice. Cual atracción hecha por un imán, él obedeció sin pensarlo. Pasando a través de las mesas, llegó hasta la punta del escenario en dónde se encontraba ella. Al tenerle en frente, se puso de rodillas, sin cortar el contacto visual.

Relamiendo sus labios, la joven posó una de sus manos sobre el cuello de Thomas, acariciándolo lentamente.

Acercando su boca a él, respiró cerca de su cuello sintiendo como su cuerpo entero intentaba controlarse debajo de su tacto. Sonrió levemente ante esto, pues le encantaba saber que ella tenía el poder de la situación.

_¿Sabes qué es lo que más me encanta de los hombres?

Susurró en su oído, dejándolo con un suspiro ahogado y sus pupilas embebidas en un éxtasis que no podía controlar.

_¿Qué cosa?

Respondió él con la poca concentración que podía.

_Cuando dejan propina.-Soltó ella con una pequeña risita y un beso en su mejilla.

Acto seguido, dio un pequeño paso hacia atrás para seguir con su baile, ahora permitiendo que él pasara su mano por su cadera y las decoraciones de su vestuario.

Mientras él deslizaba la mano por su pierna, terminó por sacar su billetera, casi anonadado con la mirada de la misteriosa joven. Alanna sonrió al verle dejar colgado de sus cadenas los billetes, ganándose aún más el cariño de la joven, quien depositó un pequeño beso lleno de brillo labial sobre la comisura de su labio antes de volver al escenario.

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