Capítulo diecinueve: Tentación.
Como si hubiera despertado a un león hambriento, me tomó por la parte posterior de los muslos y me levantó. Caminó conmigo en sus brazos. Sus labios rozaron los míos, mas no me besó. Pero esa simple caricia hizo que se me erizara todo el bello del cuerpo.
Me lanzó sobre la cama, dejándome justo en el centro. Lo miré desde mi posición, se veía poderoso, deseoso, dominante. Yo lo quería, pero no sabía cuanto tiempo pensaba torturarme. Presioné mis rodillas, para calmar aquel insaciable deseo.