Capítulo cuarenta y ocho: Nuevas experiencias.
Amaneció.
Amaneció y las cosas estaban tan raras. Un desayuno estaba en la mesita de noche al lado de mi cama. El olor a café me abrumaba. El ambiente se sentía… ligero.
Me levanté y cepille mis dientes. Me arreglé y dispuse a comer el desayuno misteriosamente servido. No había ni rastro de Austin. Su lado de la cama estaba bien acomodado y frío. Me tomé mi tiempo comiendo ya que no quería encontrarme con él después de bueno, ya saben…
Aún podía sentir una incomodidad en mi entrepierna lue