Capítulo cuarenta y siete: Placer y enojo.
Tres días.
Pasaron tres días y Austin no se disculpó. Y si esperaba que yo lo hiciera, pues, se jodió. Yo puedo ir a dónde quiera y no le debo pedir permiso. No era mi dueño.
Era incómodo, cada vez que tocaba el timbre por las noches. Yo lo dejaba pasar y él se inventaba cualquier tarea por realizar hasta que llegara la hora de dormir. Cada quien hacía sus cosas por su lado. Teníamos que seguir nuestro trato. El mismo trato que él llamó “infantil”.
No nos hablábamos, no teníamos sexo y cad