Capítulo cincuenta y tres: convivencia deplorable.
Pasé mis manos sobre mi estómago mientras me admiraba en el espejo. Me coloqué de costado para ver mi gordura, pero nada. Estaba plana. Levanté el vestido por encima de mi abdomen. No sentía nada, no me veía diferente. Fui cambiando de posición, intentando ver algo que indicara el fruto creciente en mi vientre.
La puerta se abrió y entró Austin. Sus ojos fueron directamente a mi piel descubierta. Me bajé el vestido con prisa, pero era muy tarde, ya vio mis bragas.
Carraspeó y desvió la mira