Capítulo cincuenta: pequeña gran sorpresa.
El impacto fue directo a mi ya lastimada espalda y rebotó en mi cabeza. Por un segundo, no sentí nada, luego el dolor se extendió por mis extremidades y sentí la sangre helada.
Ruido… había mucho ruido.
No sé en que momento los bomberos llegaron. Las sirenas se oigan tan cerca. Intenté levantarme, pero algo me punzada la piel en distintas zonas al realizar el más mínimo movimiento. Solo me quedé viendo el cielo mientras virutas de cenizas caían sobre mí.
Tosía, pero no por las cenizas, a