Algunos, cegados por la codicia, podían creer en una promesa tan absurda.
Las ganancias que Jack obtenía de El Desconocido superaban con creces las de cualquier gran empresario. Sin embargo, no se conformó y terminó sin nada.
Alexander lo miraba con frialdad mientras Jack sollozaba desesperado, como si contemplara a una hormiga que se había sobreestimado demasiado.
Jack, aterrorizado por aquella indiferencia, se apresuró a dar más explicaciones.
—¡Ronald quería comprar algunas acciones de El Desconocido! Pero nunca pudo conocerte; lo rechazaron cuatro veces, así que buscó otra manera. Me dijo que tenía suficiente poder para derribarte y convertirse él en el jefe de El Desconocido. ¡Necesitaba que yo cooperara desde adentro!
Alexander entrecerró los ojos y replicó con voz gélida:
—¿Y Ronald no te dijo que aún tiene un desastre pendiente de limpiar?
La última vez, Ronald había enviado gente para provocar problemas en Sky Media, poniendo a Alexander en peligro. Pero Alexander se vengó co