Algunos, cegados por la codicia, podían creer en una promesa tan absurda.
Las ganancias que Jack obtenía de El Desconocido superaban con creces las de cualquier gran empresario. Sin embargo, no se conformó y terminó sin nada.
Alexander lo miraba con frialdad mientras Jack sollozaba desesperado, como si contemplara a una hormiga que se había sobreestimado demasiado.
Jack, aterrorizado por aquella indiferencia, se apresuró a dar más explicaciones.
—¡Ronald quería comprar algunas acciones de El De