Pero pronto su expresión se volvió seria.
—Esta vez… no lo hiciste tú sola, ¿verdad?
No quería que Isabella se involucrara en asuntos tan peligrosos. Ella apartó la mirada y contestó con firmeza:
—No. Tú hiciste la mayor parte del trabajo.
William se frotó las cejas, intentando calmar su ansiedad. Sabía que la venganza era tentadora, pero temía que algún día ella se expusiera demasiado. Su expresión culpable le impedía reprenderla, así que insistió:
—Tengo subordinados para eso. Ellos pued