Linn trató de rechazar la invitación alegando que no tenía hambre, pero James insistió con una sonrisa avergonzada:
—“Por favor, ven. Déjame compensarte por mi mal comportamiento anterior. Esta vez corre por mi cuenta.”
Linn, sin poder negarse ante su tono sincero, aceptó acompañarlos al final.
Los cuatro caminando juntos por el campus atraían muchas miradas.
Sin embargo, no todas esas miradas estaban llenas de admiración; entre los elogios también se colaban susurros de desdén.
Mientras avanzaban cerca del edificio de dormitorios, un chico que pasaba los reconoció y se detuvo de golpe, gritando sorprendido al ver a Linn.
—¡Eres tú! —exclamó con una sonrisa burlona—. Recuerdo que te violaron y abandonaste la escuela primaria. Mi familia se mudó a la ciudad por eso. ¡Jamás pensé que seguirías estudiando! Y ahora resulta que eres la máxima puntuadora del SAT en ese pequeño condado.
Hizo una pausa, observándola de arriba abajo con malicia.
—Pensé que me había confundido, pero t