Linn trató de rechazar la invitación alegando que no tenía hambre, pero James insistió con una sonrisa avergonzada:
—“Por favor, ven. Déjame compensarte por mi mal comportamiento anterior. Esta vez corre por mi cuenta.”
Linn, sin poder negarse ante su tono sincero, aceptó acompañarlos al final.
Los cuatro caminando juntos por el campus atraían muchas miradas.
Sin embargo, no todas esas miradas estaban llenas de admiración; entre los elogios también se colaban susurros de desdén.
Mientras