Sin saber cómo, fue castigado.
Encerrado en su propia habitación, con el teléfono aún en la mano.
A la mañana siguiente, al intentar salir, descubrió que la puerta estaba cerrada por fuera y sin llave.
—El señor Montgomery dijo que debía quedarse aquí reflexionando —dijo el sirviente desde el pasillo, con voz temblorosa—. Que pensara por qué quiso hacerle daño a una muchacha… y por qué se comporta tan mal.
Alexander se llevó una mano a la frente, exasperado.
Ahora entendía el significado