Blair observó a Massimo con una mezcla de sorpresa y preocupación. Su figura imponente, normalmente firme y segura, ahora se alzaba descompuesta y herida. El labio partido y los moretones en su rostro dejaban una estela de preguntas sin respuesta. La música y las voces animadas en la sala se amortiguaron en su mente, y todo lo que quedó fue el tamborileo inquietante de su corazón.
—¿Qué te pasó? —preguntó Blair, su voz apenas un murmullo mientras los dedos de sus manos se entrelazaban nerviosam