Capítulo 5. El testamento

Luego del incidente, Jarl se entera de que Katrina ya está en el castillo de Alba Noctis, por medio de Lizzie. Pensó que debía ir a buscarla en el departamento de su amiga Amber, y se estaba tomando el tiempo para eso porque sabe que debe ir con cuidado para no dañar su reputación frente a la prensa, pero ahora que sabe dónde está su esposa no le tomará mucho trabajo convencerla para llevarla con él nuevamente.

«Lizzie resultó no ser tan hueca a pesar de todo y le está sirviendo para otra cosa que no sea solo follar» piensa con una sonrisa maliciosa en el rostro. La verdad es que han follado y mucho desde hace dos años, cuando ella se convirtió por primera vez y se encontraban en el bosque. Es por eso que le gustan este tipo de hembras, porque le sirven para pasar el rato y sacarse el estrés que lleva encima. Follar le alivia todos sus pesares. 

—¿Cuándo vas a romper el hilo rojo con mi hermana, Jarl? —dice, con voz bastante chillona, Lizzie.

—Esperaremos el momento justo —contesta, Jarl, despreocupado—. Sabes bien que debemos movernos con cautela.

—Eso vives diciendo desde hace mucho. Me prometiste que solo estarías un mes casado con ella, y mira, ya pasaron dos meses y no has resuelto nada.

—Esos son asuntos míos, Lizzie. Tengo mis razones para seguir unido a ella. Así que, si ya estás satisfecha por hoy, es mejor que vayas a cumplir con tus propias labores. Tengo mucho que resolver por mi parte.

Lizzie intenta replicar, pero Jarl le indica con la mano que salga de su oficina.

Con una sonrisa arrogante, la observa mientras ella se pone su vestido y las bragas antes de salir de su oficina, bastante molesta. Lizzie es una hembra muy hermosa y folla como una diosa, pero lo que tiene de sexy, lo tiene de tonta y estúpida.

Ser fiel no es parte de la naturaleza de Jarl Fenrisson, pero necesita a Katrina y a su sangre, al menos por el momento. Ese es el mayor motivo que lo ata a ella.

Llegada la noche, toma su auto y conduce hasta el castillo Alba Noctis. Según su suegro, Katrina, no ha salido en todo el día de su cuarto y conociendo lo dramática que es, debe estar ahogada en un mar de lágrimas acurrucada entre mantas, por lo sucedido.

El solo imaginar que debe adularla para traerla de vuelta, le causa resquemor, pero no tiene de otra que hacerse del bueno, al menos por estos días.

Poco tiempo después su auto entra en la pasarela que conduce a uno de los castillos más lujosos y admirados de la Amazonía.

Uno de los omegas que se encarga de la seguridad del castillo, sale a su encuentro frente a la puerta principal y él le entrega la llave para que estacione su lujoso Porsche.

—Buenas noches, señor Jarl —lo saluda el mayordomo abriendo la puerta. 

—Buenas noches, Máximo.

—¿Quiere que anuncie su llegada a los señores? Ellos se encuentran en la oficina ahora. 

—No. Solo vengo a darle una sorpresa a mi esposa, con quien tuve una discusión ayer. 

—La señora Katrina está en su habitación, señor.

—Muchas gracias, Máximo. Iré a buscarla.

Jarl ajusta las mangas de su traje gris y camina en su habitual porte gallardo hasta la sala, para poder llegar a las escaleras. Puede ver a Máximo perderse en el área de los sirvientes.

Justo antes de pisar el primer escalón, escucha una acalorada discusión entre Mauricio y Lorena, proveniente del despacho. Todo indica que están hablando de Katrina.

Camina a pasos lentos hacia allí, necesita saber qué pasa con su esposa y estos dos.

—¡Ya te lo dije, Lorena! Nadie nunca se enterará de la existencia de este testamento. Estás exagerando —dice el padre de Katrina. Jarl arruga su entrecejo, oyéndolos desde la puerta entreabierta—. Ese infeliz no hará nada. 

¿A qué testamento se refieren? ¿Quién es el hombre del que hablan?

—Pero si te ha chantajeado muchas veces, cuando se supone que ya habían llegado a un acuerdo, Mauricio. Ese maldito te está tomando el pelo. Debemos tomar medidas más drásticas antes de que intente chantajearnos de nuevo. —Lorena está exaltada y molesta.

Mauricio toma unas carpetas del escritorio y abre la caja fuerte. Para la suerte de Jarl, puede ver exactamente la combinación que coloca para abrirla desde su punto de escondite.

—¿Qué excusas le daremos a Katrina si ese hombre decide contarle toda la verdad? —añade, Lorena, furiosa—. ¿Perderemos todo por culpa de esa inútil? ¿Todo nuestro prestigio, nuestro poder?

—Tranquilízate, Katrina nunca va a enterarse de que su madre hizo otro testamento antes de morir y que le dejó toda su fortuna a ella.

Jarl abre la boca, impresionado. Así que lo que le dijo su padre en su lecho de muerte era cierto. La verdadera heredera de la alfa Lauren es Katrina.

—No tengo idea de lo que vas a hacer, pero ese hombre debe cerrar la boca de una buena vez. No pienso quedarme en la calle por culpa de tu incompetencia.

Lizzie viene bajando de las escaleras en ese momento y nota a Jarl parado frente a la puerta del despacho de su padre.

—¡Jarl! —El hombre maldice en mil idiomas al oírla. Voltea lentamente y finge estar llegando. Mauricio y Lorena salen del despacho.

—Buenas noches, Jarl. Máximo no nos avisó de tu llegada. ¿Hace cuánto estás aquí? —pregunta Mauricio mirando de reojo a su esposa.

—Acabo de llegar —Miente—. Máximo me dijo que estaban en el despacho y  me iba a buscarte para hablar algunas cuestiones urgentes.

—¿Te quedarás a cenar con nosotros? —pregunta Lizzie mientras lo mira con ojos de cachorrito. Prácticamente, se le caen las babas al mirarlo.

—Me encantaría, pero tengo una cena de trabajo dentro de dos horas, pero quizás vuelva más tarde para hablar con mi esposa —contesta él. Lizzie hace una mueca de fastidio que no pasa desapercibido ni su padre ni su madre.

Mauricio hace pasar al despacho a Jarl y él le habla de unos inversionistas europeos que tienen la intención de invertir en Sofisthy. Es un tema pendiente entre ellos y es el único motivo que encontró Jarl como excusa y así darse tiempo así mismo para pensar en lo que escuchó recién y encontrar la forma de adueñarse del testamento.

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