Capítulo 105. Está buscando un castigo
Ragnar mira la lápida de Anabella y suspira profundamente. Ese olor, tan característico de los lirios, lo envuelve con una ventolina que surge de la nada. Cierra los ojos y se imagina que es ella, tal como lo hacía cuando estaba viva. Todavía puede sentir sus delicadas manos acunando su rostro antes de soplar suavemente su frente un par de veces, alegando que con eso era suficiente para quitar esos malos pensamientos de su cabeza que lo atormentaban. Por supuesto que lo era, ella era la cura a