Moira
Abro la puerta de mi habitación después de una noche infernal y me encuentro a Ced, con esa mirada reprobatoria en su rostro que solo me hace sentir peor.
—¿Me vas a dar los supresores?
Él no responde, toma una de mis manos y empuja el pomo de supresores en ella.
—Realmente prefieres pasarla mal a acostarte conmigo Moira—niega—no puedo creerlo.
—No vamos a hablar de esto ahora Ced—suspiro—estoy cansada.
—Si me hubieras llamado te sentirías mejor—insiste—¿Por qué no puedes siquiera intent