Dillon
Reviso los documentos que mandé a pedir en la oficina y supongo que las cosas están yendo bien en mi negocio, pero todo está demasiado tranquilo para mi gusto.
Las personas bajas con las que suelo mezclarme siempre están buscando más o tratando de engañarme de alguna manera, así que no puedo confiar simplemente en un informe. Tomo el móvil que siempre guardo en la primera gaveta de mi escritorio y marco uno de los números en él un momento después.
—¿Señor Anderson?—la voz rasposa de Íker