Punto de Vista de Elara Vane
Intenté no llorar. Lo intenté. Pero el nudo en mi garganta era espeso y obstinado, como una piedra alojada en mi tráquea.
¿Casada? ¿Con un viejo lobo rogue?
Las palabras de mi padre resonaron en mi cráneo. Cada sílaba estaba clavando los clavos más profundamente en mi inminente perdición.
—Un mes. Tienes un mes en esta casa, Elara. Si, para entonces, sigo creyendo que estás maldita... —Hizo una pausa, dejando que el asco goteara de su lengua—. —Entonces me encar