Capítulo 47

Punto de Vista de Elara Vane

​Mi boca se abrió ante la deducción de mi padre.

​—¡Yo no lo hice!

​Cora dejó escapar un bufido tan exagerado que pensé que podría torcerse el cuello.

​—Oh, ahórranos el acto inocente, Elara Vane. Por Dios, siempre he dicho que no eras tan dulce como pretendes ser.

​Aquí vamos.

​—Es una farsante —continuó, con los ojos destellando—. Es malvada. ¡Mira esto! —Señaló salvajemente a los cerdos muertos, como si su mera existencia probara mi culpabilidad—. ¿Qué clase de p
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