Punto de Vista de Elara Vane
Mi boca se abrió ante la deducción de mi padre.
—¡Yo no lo hice!
Cora dejó escapar un bufido tan exagerado que pensé que podría torcerse el cuello.
—Oh, ahórranos el acto inocente, Elara Vane. Por Dios, siempre he dicho que no eras tan dulce como pretendes ser.
Aquí vamos.
—Es una farsante —continuó, con los ojos destellando—. Es malvada. ¡Mira esto! —Señaló salvajemente a los cerdos muertos, como si su mera existencia probara mi culpabilidad—. ¿Qué clase de p