Punto de vista de Elara
Estaba casada. Finalmente casada, y no con cualquiera, sino con el amor de mi vida. La vida estaba a punto de volverse tan buena como podía serlo.
El aire en la habitación estaba cargado de lavanda, y el parpadeo de la luz de las velas proyectaba sombras suaves sobre las paredes de madera. Olía a él: a tierra, a pino y a peligro. Y ahora, a mí. El rastro más sutil de jazmín silvestre del baño que me había dado se aferraba a mi piel, mezclándose con el aroma del aparea