Punto de vista de Luis
Los ojos ardientes del diablo nunca parpadeaban. Me observaba. Es decir, miraba a través de mí, mientras mi mente luchaba por dar sentido a lo que acababa de decir. Mi nombre aún flotaba en el aire como el fantasma de un suspiro que no había terminado de exhalar.
—¿Yo? —repetí, como si la palabra fuera a tener más sentido la segunda vez. Mi voz sonaba ronca en la vasta vacuidad del Infierno—. ¿Quieres decir... que yo soy el recipiente? ¿El que debe... plantar la semill