En cuestión de minutos aquella castaña ojos saltones llamada Jul nos aborda, plancha su inmaculado vestido en lino blanco y, metro y medio antes de acercarse deja ver su espléndida dentadura. Por supuesto, la ortodoncia debió ser su truco.
─Sin duda eres Verónica ─comenta sin reparo de mi disgusto ─, mujer joven, alta, hermosa y muy segura. Tengo el don de percibir grandes potenciales en las personas, y tú eres... brillante.
─ ¿En serio? ─sonrío y miro a Ricardo, luego a Jul y por último sus za