Capítulo 179.
Evelyn.
Acercarme a un cementerio siempre ha logrado darme justo ese golpe extraño directo al pecho, y ahora no es la excepción. Giselle escucha al sacerdote, hago lo mismo, aunque realmente su voz suena un poco distorsionada.
Aunque quienes asistimos son unos cuantos vecinos y compañeros de la señora, su sobrina y yo, no hay una sola palabra que pueda dar consuelo. La aflicción en el rostro de Giselle es tan genuino como su poca energía al salir del lugar. Sus pasos son lentos, con sus manos sin saber dónde colocarlas; si en la espalda, al frente, o cruzarlos.
En todo el recorrido es igual. Y no cambia cuando entramos a la casa, en donde me alejo de una de las últimas clases de Aihnoa a cargo de Ophelia, ahora que Rodolfo nos acompañó, como buen amigo de Giselle.
—Siento que le fallé— me dice cuando Rodolfo nos desliza una taza con café sobre la mesa. —No traje a sus hijas antes de que falleciera.
—Lamento eso— le entrego una servilleta y en cuanto la ve, se pone de pie en automáti