Sebastián
Ella deja una lágrima correr sobre la mejilla. Mi mano aún reposa sobre su pecho. Puedo sentir el latido fuerte, latente contra mi piel. Sus manos reposan sobre las mías, y en ese momento, como algo contagioso, retiro rápidamente.
— ¿Te das cuenta de cuánto te quiero?
— Eso es imposible. - ella me encara con sufrimiento. — Tú nunca me amaste.
Sus ojos caen al suelo. Pienso por unos segundos cómo podría resolver toda esta situación. No está bien que yo siga actuando de la misma