Martina se sorprendió mucho al verme en la empresa. Yo la saludé con un abrazo y un beso en la mejilla.
— ¿Estás muy feliz, Rubí? — preguntó ella.
— Algo —respondí dudosa.
Me acerqué a la oficina de Alexis, caminando lentamente. Antes de llegar, me encontré con Ximena, quien estaba empacando sus cosas. No pude evitar sonreírle.
— ¿Estás muy feliz? — me preguntó enfadada.
— La verdad, sí. Suerte en el papeleo.
— Señorita Sánchez, necesito que revisemos su nuevo contrato —informó Alexis.
— Claro,