El último mes me he dedicado a intentar hundir la empresa a espaldas de Gabriel. Él no me quita la mirada de encima. No es ningún tonto y se da cuenta perfectamente de mis intenciones. Cada vez que me observa con esos ojos calculadores, siento un escalofrío recorriendo mi espalda. No es fácil llevar a cabo mis planes con él tan atento a cada uno de mis movimientos. Su habilidad y odio hacia mí no me favorecen en lo más mínimo.
Cometí un grave error al confesarle quién soy. Fue una terrible equiv