—Hola, me llamo Vicente Blasco —dijo cortésmente.
¿Por qué me sonaba tanto ese nombre? Estaba un poco desconcertada.
Vicente vio la confusión en mi cara y habló con una sonrisa:
—¿Olvidaste que solíamos jugar juntos cuando éramos niños?
Le miré incrédula:
—¡¿Eres... el gordito de mi barrio?!
Asintió con una sonrisa.
Me quedé un poco sorprendida. El Vicente que tenía delante tenía el aspecto de un caballero, ¿cómo podía ser el niño regordete que me seguía con mocos y decía que me protegería?
Reti