FAITH
De alguna forma ya lo había dejado caer la semana anterior, pero entonces lo dijo: Te quiero. Y pese a que ya debía estar acostumbrada a su forma de decirlo porque durante años me lo repitió sin cesar, aquella tarde fue diferente. Nate era muy consciente de decirlo, por eso se me quedó mirando esperando más que una sonrisa y un beso tonto.
Suspiré, terminando de abrocharme los pantalones, y el fugaz destello de la decepción le cruzó la cara. Era ridículo. Hacerme la dura era completamente