FAITH
Sincerarme no estaba mal. Me sentí mucho más a gusto tras confesarle un poco como me había sentido con respecto a nuestra relación.
Entramos en su calle, repleta de casas grandes y bien cuidadas, un buen vecindario en que el algún momento creíamos que formaríamos una familia. Nathaniel esperó a que la verja que cercaba el terreno se abriera y condujo más lento hasta el garaje, por un momento me quedé mirando la fachada . Habíamos elegido esta casa juntos, emocionados por el futuro. Ahora,