La hacienda era grande, de tres niveles. Tenía balcones en las habitaciones que daba vista a mar desde lo alto de una colina. Era de un concepto rústico y al mismo tiempo moderno.
Al llegar en las horas de la tarde, todos los empleados nos esperaban, principalmente el capataz de la hacienda, el cual al ver los autos llegar daba órdenes para que todo estuviera perfectamente arreglado, después se dirigió a recibirlos con una gran sonrisa.
El grupo, emocionado, comenzaron a instalarse, queríamos b