—Entonces, yo tendré que acatar tus órdenes —concluí.
—Para que la relación funcione deberás hacerlo —explicó—, en algunos casos.
Sentí la impotencia burbujear en mi pecho, para subir poco a poco hasta mi cabeza y crear un caos.
—No creo que funcione si lo que tengo que hacer es acatar tus órdenes como si fuese tu empleada —gruñí.
—Lo estás malentendiendo —trató de explicar.
—¿Malentenderlo? Lo que me dices es que la relación será según lo que tú desees y yo tendré que acatar todo sin rechistar