Aunque intenté mejorar mi ánimo en el resto del día, fue imposible. Después de quitarme el vestido de novia les dije a mis amigas que no quería seguir midiéndome más, y ellas, que tampoco se sentían con muchas ganas para seguir, decidieron aceptar y sugirieron que nos fuéramos a almorzar.
En el restaurante les informé sobre la publicación de mi libro y ellas se emocionaron con la noticia, comenzándome a felicitar. Hicimos un brindis y me dijeron unas hermosas palabras, sin embargo, mi felicida