Daniel, al ver a esos dos seres hermosos y maravillosos, quedó asumido en un instante, pero luego muy rápido reaccionó acercándose a ellos y engulléndolos en un fuerte abrazo. Al cual se unieron los otros acompañantes.
Daniel, dejando salir unas cortas lágrimas de sus ojos, se apartó un poco de ellos y asombrado preguntó. —¿Cómo es esto posible? Miren sus tamaños, su edad, ¡no han pasado dos meses aún!
—¡No seas tarado! Observa en el lugar donde nacimos, aquí se vive diaria, no vez los días pas