El ambiente es casi satánico. No sé, quizás sea yo pero lo veo todo satánico siniestro que siento que estoy a punto de oír sonar las cornetas del infierno.
Igual es que a veces me pongo tremendista.
El tío y los primos de Colin están sentados del lado opuesto al nuestro. Ellos en un sofá de tres plazas de cuero oscuro y nosotros en un sillón cada uno, justo a la derecha del albacea que encabeza la sala sentado detrás del escritorio.
—He venido a esta hora y en este momento —comienza a explica