Capítulo 38

Las manos húmedas de Emma recorren el contorno de mi vientre, la pasa con demasiada delicadeza que me causa un ligero hormigueo, se mueve ligeramente sobre mí, está encima de mí, mirándome atraves de sus largas pestañas. Es hora de que nos marchemos de este lugar, la realidad es que es Sábado, no me atreví decirle a Emma que nos teníamos que ir el mismo día de llegamos, por eso opté por quedarnos a domir, fue exquisito. Su cuerpo delegado y atlético permaneció horas junto a mí, dándome calor

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