Su vestido estaba roto. Destrozado sin arreglo alguno. Las extremidades arrancadas, hilos dispersos por todos los lados, los detalles desmenuzados en aquel trance de cólera.
No sabía que hacer.
Era tarde. Derek siempre había sido alguien puntual.
Alzó su cuello y observó su reflejo.
Estaba destruida, su perfecto maquillaje destruido, arruinada.