Capítulo 128.

—¡Adalia! ¡Adalia! ¡Habla! ¡Habla, demonios! —La apretujó por los hombros, pero ella parecía muerta en vida, por completo ajena a todo lo que la envolvía, no era capaz de reaccionar, parecía sumergida en el trance más recóndito.

Tenía sangre embarrada entre sus labios, lo cual revelaba demasiado, y a la vez dejaba demasiadas dudas para la mente, aunque él creía tener una idea de la raz&oa

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