Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa cargó entre sus brazos, justo como se carga a un infante, sacándola de aquel mugriento sótano, un fuerte quejido brotó de los labios de Adalia, todo en ella dolía, cada extremidad, cada dedo, cada zona de su cuerpo estaba herida y el más minúsculo movimiento acentuaba aquel dolor.
Él notó sus quejas, mas palabra ninguna emitió, solo un fino beso situó en el rostro de la muchacha, quien buscaba la mejor manera de sostenerse, una manera que redujera el agónico dolor que asaltaba a su







