Capítulo 101.

Los ojos de Derek eran de un color hipnotizante y reluciente ámbar, aunque era difícil admitirlo, eran en verdad preciosos, profundos y misteriosos como el océano menos indagado: un pensamiento un tanto extraño para una muchacha que estaba siendo estrangulada.

Las largas manos del Wood estaban ceñidas en el cuello de la rubia como dos cadenas furiosas, los ojos de él estaban sumergidos en un lóbrego mar de rabia y su rostro se pintarraje

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