Nathaniel nunca había tenido tanta rabia en su vida. Podía sentir la ira como un ente vivo moviéndose dentro de su cuerpo mientras que su puño impactaba con fuerza en el rostro del hijo de puta que estaba intentando… que quería… Dios, él ni siquiera podía decirlo.
No quería ni pensar en que hubiese pasado si él no hubiera decidido ir a ver por qué la chiquilla se estaba demorando tanto.
—Voy a arrancarte las malditas manos.
Estuvo a punto de impactar nuevamente el puño en el rostro del mal n