Le entregué la foto a Verónica y ella la tendió sobre el cuerpo de Elva. Comenzó a hacer cánticos, pero no eran palabras que yo reconociera. Chispas parpadearon en sus manos. Llamas de color azul púrpura se desplegaron por toda la foto y luego en dirección a Elva.
“¡Elva!”. Jadeé y me apresuré hacia delante.
Nicolás me agarró por la cintura y me detuvo. Luché, desesperada por llegar a Elva.
¿Y si esto realmente la estuviera lastimando? ¿Y si estuviera haciendo más daño que bien? ¡No pod