“No es un defecto ser confiable”, dije.
“Lo es si te vuelve inamovible. Tienes que estar más dispuesto a equivocarte”.
Cerré la boca y lo miré. Como de costumbre, mis miradas penetrantes parecieron rebotar en él sin afianzarse.
“Vamos”. Julián comenzó a caminar. No miró hacia atrás, esperando que yo me pusiera en fila detrás de él. Maldita sea, necesitaba hacerlo, por el bien de Piper, y así lo hice. “No podemos hacer esperar a nuestro querido tío”.
Juntos, Julián y yo, salimos del p