Cuando regresamos al palacio, Nicolás metió el coche en el garaje. Mientras apagaba el motor, dijo: “Te acompañaré de regreso a tu habitación”.
Sus palabras enviaron una carga de vida a través de mí. “No”.
Él me miró. “¿No?”.
Con miedo en los ojos, le devolví la mirada. “No puedo dejar que Elva me vea así”.
Nicolás apretó los labios con fuerza. Me miró, apenas vestida y escondida en la chaqueta del traje de Julián y con las piernas desnudas.
“Puedes quedarte en mi habitación”, dij