“Es como si ni siquiera lo estuvieras intentando”, bromeó, y no estaba del todo equivocado. En ese momento no quería estar lejos de él, quería estar más cerca.
Con un movimiento, moví mi trasero hacia atrás. Se frotó contra la parte delantera de sus pantalones y sentí la dureza allí.
Nicolás gruñó.
Oh Dios. Él estaba tan excitado por mi cercanía como yo por la suya. Y a él le gustaban mis movimientos, no cabía duda, o ya me habría dicho cómo romper este control. Me alegré de que no