Tomken Sarkov acababa de recibir una de las mejores noticias de su vida: su hijo Vlad era heterosexual. Sin embargo, algo agriaba la felicidad que debía tenerlo dando brincos de alegría. Volvió a fijar la vista en las indecentes marcas plasmadas en el cuello de Sam.
*La enrojecida marca en el blanco cuello de la muchacha fue lo primero en captar su atención, no la radiante sonrisa que era una invitación, no la seductora mirada capaz de convertir a los hombres en esclavos, ni el grácil cuerpo en