—No voy a lograrlo, Violeta… —balbuceó Vlad, desangrándose en el piso del silo.
—Vlad… ¡Nunca te abandonaré, nunca! —juró Violeta.
Al sonido del nuevo disparo le siguió un pitido ensordecedor unos instantes. El silo dio vueltas sobre él mientras el peso del cuerpo de Violeta se desplomaba sobre el suyo. La abrazó con todas las fuerzas que le quedaban. Si él moría primero, sus brazos endurecidos le impedirían acercarse a Sam.
—Te mentí, Vlad... Yo arrojé a mi padre al pozo... Me lastimaba... Y