En cuanto atravieso el umbral y me adentro en la estancia, lo primero que llega a mí es ese aroma a sahumerio de lavanda que tanto le gusta a mi madre. Siempre que está con demasiado en la cabeza, ya sea por trabajo o por la razón “x” que ocupa su mente, suele encerrarse aquí y prender uno de esos palitos aromáticos, con la excusa de que la ayudan a relajarse. Quién sabe si es tal o solo es una forma de estar a solas ya que ni a mi padre ni a mí nos agrada demasiado.
No importa, eso no viene a